Michael Tuc

Michael, paciente de Fundnier, fue diagnosticado con Enfermedad Renal Crónica V (ERC V) en el año 2007. La madre, Ingrid Tuc, se encontraba entonces viviendo en Estados Unidos y enviaba remesas a sus hijos y familia todas las semanas.  Ella recuerda con angustia el día que recibió la noticia. Durante los primeros tres años después del diagnóstico, la tía de Michael fue quien se hizo responsable de la diálisis peritoneal.  Mientras tanto, Ingrid trabajaba horas extras para obtener más dinero y atender las necesidades de su hijo.  Sin embargo, para Michael estar lejos de su madre y vivir con los tratamientos, que le limitaban seriamente sus actividades, era cada vez más difícil.  Cada día que pasaba, él colaboraba menos y sentía que la enfermedad le consumía.

 

 

 

 

 

 

 

 Ante esta situación, la tía habló con Ingrid, le manifestó su preocupación y le dijo “si quieres encontrar todavía a tu hijo con vida tienes que viajar lo antes posible de regreso para Guatemala”.  Sin dudarlo, Ingrid regresó al país para encontrarse con su hijo.  A partir de ese momento, ella fue quien se hizo responsable de los tratamientos y de los cuidados especiales de Michael, aunque la situación económica se complicó, pues no encontró en su familia el apoyo y ayuda económica que esperaba, a pesar de que en su momento la familia contó con la remesas de Ingrid.  Pese a los obstáculos, Ingrid encontró los medios para cumplir con todo lo que los médicos le pedían para que Michael se sintiera bien.
 
Después de un año de su regreso a Guatemala, Ingrid ya se había realizado los exámenes para ser donadora de riñón y así cambiar la historia de su hijo.  Lamentablemente, los resultados no fueron positivos, pues también se encontró daño en sus riñones.  Ante esta situación, nuevamente acudió a su familia para tratar de identificar a un potencial donador, pero se negaron.  Esto provocó que el equipo médico considerara a Michael para trasplante cadavérico.  Entre la oposición de la familia y el miedo de perderlo, el amor que sentía Ingrid por su hijo, le permitió tomar la decisión y seguir la recomendación del equipo médico de realizar el trasplante.  Después de seis meses de espera, la operación se realizó y terminaron así cinco largos años de depender de la diálisis peritoneal.       
 
El trasplante fue realizado, de forma exitosa, el 30 de abril del 2012.  Final y felizmente, Ingrid encontró apoyo de familiares residentes en Estados Unidos, y gracias a éste pudo cuidar del trasplante de Michael sin preocupaciones.  Los primeros meses transcurrieron con alegría y tranquilidad.  Sin embargo, después de ocho meses de trasplante, Michael reportó pérdida de visión.  Después del diagnóstico de los especialistas, se llegó a la conclusión que dicha pérdida fue consecuencia de una infección viral, por lo que actualmente Michael tiene pérdida de visión total. Además, Ingrid dejó de recibir ayuda económica por lo que la situación ha sido complicada.
 
Cuando se le pregunta a Ingrid, qué piensa del trasplante y la complicación que tuvo en cuanto a la visión de su hijo, ella responde con una sonrisa “el trasplante fue un cambio total y una gran alegría aunque Michael ahora no pueda ver, pero la salud de él ha cambiado.  Ahora crece y su estado de ánimo es más alegre; antes él decía que se sentía preso con la vida que llevaba.  Desde que se trasplantó no lo siente así, por lo que el trasplante fue lo mejor a pesar de las complicaciones.  Yo trato de darles cariño, que sean felices y así yo también ser feliz”
 
A pesar de las dificultades económicas, Ingrid ha logrado brindarles a sus hijos lo necesario, aunque con el paso del tiempo le es más difícil lograrlo ya que la situación de Michael (cuidado del trasplante y pérdida de visión) no le permite buscar un trabajo formal. Pese a las adversidades, Ingrid tiene la tranquilidad que Dios está con ella y que poco a poco irá encontrando los caminos y la fortaleza para seguir adelante.