Una historia de hermanas gemelas

Por Licenciada Cristina Zelaya, Nutricionista.

Al platicar con una de sus hermanas mayores, me contó que ellos eran 14 hermanos en total, de escasos recursos y que no podía creer lo que los doctores le contaban que estaba sucediendo, pues ella siempre había sido una niña «sana». 

Le expliqué acerca de la enfermedad y que lamentablemente ésta es una enfermedad silenciosa. Me contó que desde hacía unos días que su hermana no quería comer, la veían decaída, muy cansada siempre y un día convulsionó, lo que provocó que la llevaran al hospital.

Por el cuadro, fue necesario colocarle a la paciente un catéter para realizar la primera sesión de hemodiálisis, tratamiento que permite extraer la sangre y eliminar las impurezas mediante un filtro de doble compartimento. Realmente, es difícil imaginar cómo una niña de 11 años que toda su vida había sido «sana», en cuestión de horas, tal vez minutos, tenía que entender acerca de la hemodiálisis. De un minuto a otro, tener un catéter para hemodiálisis y entrar a un cuarto, junto con otros niños, a que la conecten a una máquina y ver cómo su sangre entra y sale de su cuerpo, seguramente, no es fácil para nadie. Menos para una niña.

Al siguiente día, al platicar con la paciente y su hermana, quien la cuidaba, me contaron que la paciente tenía una gemela ¡sí, una gemela! Me quedé pensando, asustada por la posibilidad de que la hermana gemela también tuviera daño renal. Decidí decirle a la hermana que se trajera a la gemela a que le hicieran exámenes. No tardaron mucho en llevar a la gemela. Cuando la vi, no podía creer que fueran gemelas. Se veían muy distintas. La gemela que llegaba por primera vez al hospital era mucho más alta que la paciente, se veía contenta, con ánimo y no tenía signos marcados de deficiencia de micronutrientes.

Realmente era impresionante ver cómo el daño renal de nuestra paciente había causado tanto retraso en el crecimiento, desnutrición aguda y deficiencia de micronutrientes. Como nutricionista, sé y conozco los efectos que estos provocan en los niños y niñas. Lo he visto en varios pacientes. Sin embargo, en este caso era tan evidente que me afectó emocionalmente. Nuestra paciente parecía una niña de 8 años comparada con su hermana gemela, quien sí aparentaba la edad que ambas tienen: 11 años.

Luego de algunas horas, los exámenes de laboratorio de la hermana gemela salieron y los doctores diagnosticaron un daño renal con una tasa de filtrado glomerular que la colocaba en etapa III de la enfermedad renal crónica. En esta etapa, con medicamentos, seguimiento médico y dieta adecuada es posible retardar el progreso de la enfermedad. Me quedé impresionada y comenzamos el plan educacional de prevención para prolongar la función renal de nuestra nueva paciente (la hermana gemela), que en este momento no reflejaba mayores síntomas del problema renal.

Esta es una de las muchas historias que conocemos en Fundanier. Algunos niños tienen la «suerte» de ser diagnosticados en etapas tempranas de la enfermedad y otros, lastimosamente, ya los detectamos en la etapa terminal. Existe mucha falta de información, falta de educación nutricional y médica en la mayoría de la población guatemalteca. Es importante la prevención, pero para lograrla debemos primero educar a la población de la gravedad y alta incidencia de la enfermedad renal crónica en Guatemala. Cada año, en el país, se espera diagnosticar a 100 niños que necesitarán trasplante y cerca de 500 con enfermedad crónica del riñón que llegarán a necesitar trasplante en su vida adulta, si su enfermedad no es tratada oportunamente. Hace falta mucho por hacer, pero si de algo estoy segura, es que en Fundanier hacemos nuestros mejores esfuerzos y avanzamos poco a poco para cambiar esta realidad.